En este pueblo calabrés se celebra desde hace más de una década el Festival del Mate y, este año, es protagonista además de un lanzamiento muy especial: la yerba Lungro, en su homenaje.

En Calabria, provincia de Cosenza, existe un pequeño pueblo de montaña en el que desde hace más de un siglo sus habitantes toman mate. Aquí, en este territorio de raíces albanesas, la comunidad rinde culto a una tradición sudamericana adoptada como propia. Conocida por ser la ciudad de la antigua mina de Salgemma y de la Catedral de San Nicolás de Myra, Lungro es también la «Capital Europea del Mate». Y este año, además de celebrar la undécima edición del festival Mateando, será protagonista de un tributo especial: el lanzamiento de la yerba mate homenaje Lungro, producida en Argentina por la empresa Molinos Unidos, presentada a fines de mayo en la Cámara de Diputados italiana.
Visitar Lugro es emprender un viaje que puede variar según el punto de partida: desde Nápoles son tres horas en auto y desde Roma cinco. Al llegar el paisaje revela un típico pueblo de montaña: colinas suaves, casas bajas, una plaza central y una iglesia imponente. En sus alrededores hay otros pueblos como Saracena, Firmo o Acquaformosa. Anna Stratigò es música, artista y presidenta de la Academia del Mate y de la Oficina de la Música, que fundó y preside desde el año 2015. Es gracias a ella también que Lungro se hizo conocida como la «Capital Europea del Mate».
Es un miércoles de agosto de 2024 y Anna todavía no sabe que, casi un año después, uno de sus sueños —la producción de la yerba mate Lungro— de alguna forma se hará realidad. Son más de las seis de la tarde y ahora nos espera para una entrevista en la Academia del Mate. Para llegar hasta allí hay que dejar el auto en la Piazza Garibaldi y caminar unas cuadras hasta la Piazza XI Luglio 1859. A pocos metros, custodiada por dos puertas verde pastel, se alza la entrada del lugar, con un cartel que lleva escrito su nombre.

Al ingresar a la Academia del Mate, en donde funciona también la Oficina de la Música, hay una estantería con cinco repisas en la que sobresale una escrita que dice «Materia» y un pequeño cuadro en el que se lee «La casa del Mate, Lungro». Debajo hay «kungulos», como aquí llaman al recipiente del mate, pavas, una pequeña bandera de Argentina y una foto con el Papa Francisco, que en la vida de Anna tendrá un significado especial. «Esta casa siempre fue la materia, donde se tomaba mate. Tengo un cuadro del 85 que dice ‘club la materia para estar siempre en buena compañía'», dirá.
Anna muestra unos pequeños recipientes de mate y explica que se hacen artesanalmente en el campo. Luego habla de uno de sus sueños: lograr que Lungro algún día tenga su propia producción de yerba mate. Detrás de la entrada principal hay otra sala con instrumentos musicales, una mesa de madera y al lado, una cocina antigua. «El mate es parte de la memoria de todos nosotros, nuestras familias llevaron adelante esta tradición y ya son cuatro generaciones, porque viene desde finales del 1800», cuenta.

La inmigración y el mate en Italia
Aunque no se sabe cuándo comenzó a beberse el mate en Lungro, se sabe que a finales del siglo XIX un inmigrante regresó desde Sudamérica con un mate, enseñó cómo se preparaba e instauró un rito que se mantiene intacto hasta el día de hoy. Aquí lo llaman «kungulo», que en calabrés quiere decir «calabaza». El nombre se debe a la similitud del mate con la planta «Lagenaria vulgaris», que los guaraníes utilizaban como recipiente.
«Hemos adoptado una tradición de los indios y la adaptamos a nosotros en un modo peculiar, como somos los lungreses. Con el mate se habla, se suena, se canta», dice y habla de los códigos que vuelven única la tradición, entre ellos beberlo sentado, respetando el turno. «Para nosotros es un ritual alrededor del fuego, o en verano, si no hay fuego, alrededor de un hipotético fuego, pero es siempre un ritual, donde esta la comadre que comanda el mate y se respeta el giro».
Para Anna el mate es un compartir, un modo de estar juntos y el resultado -dice- de creer en algo. Cuenta que creció tomándolo junto a su tía y a sus padres y dice que si el mate no hubiese existido, quizás no hubiese descubierto muchas cosas de su familia. De ahí sus proyectos y su trabajo para dar a conocer la tradición que la formó. «Si yo soy quien soy es porque crecí tomando mate», asegura. En el año 2012 compuso una canción dedicada al mate, en agradecimiento a la bebida que la acompañó desde pequeña. «Ahora en Argentina hay una canción que habla del mate y es muy linda. Pero siempre después de la mía. La primera fui yo», dice y se ríe.
Anna recuerda que tiempo después de lanzar su canción en homenaje al mate se encontró con el papa Francisco. En esa ocasión, le habló de sus proyectos vinculados al mate y a su comunidad. Pero al tiempo sus planes se vieron interrumpidos. «Tuve una enfermedad importante, cuando encontré al Papa ya estaba enferma, pero no lo sabía, lo viví como un pequeño milagro». Fue así que aquel encuentro se convirtió para ella en un motor inesperado. «Tenía un objetivo: sanar para seguir. Lo sentía como un deber hacia mi comunidad, por la historia de esta bebida que había unido a las familias». Y durante los tratamientos ese pensamiento no la abandonó. «Mientras me pinchaban, pensaba: tengo que vivir, porque el Papa me salvó».
El festival del Mate en Lungro, Calabria
Ese impulso por seguir adelante, por devolverle algo a su comunidad, se transformó en acción. Desde hace once años, Anna organiza el Festival del Mate en Lungro, un evento que se extiende durante tres o cuatro jornadas y que ofrece una programación con conciertos, muestras de pintura, exposiciones fotográficas, cursos de tango y diferentes actividades culturales para todas las edades.
En 2025, el Festival del Mate se llevará a cabo del 29 de julio al 1 de agosto, y promete, una vez más, ser un punto de encuentro entre tradiciones, sabores y expresiones artísticas. «Hacemos teatro sobre el mate, pruebas con los niños, con la ‘mate band’. Se vende mate, calabazas, hay comida y cócteles dedicados al mate. Hago un trabajo de divulgación cultural las 24 horas, todos los días de mi vida. Mi pueblo es famoso en el mundo gracias a esto, gracias a mis colaboradores que creen y me ayudan. Al festival no vienen solo los que están de paso, vienen de todas partes y es algo muy lindo», dice.

Tomar mate en Lungro
Le pregunto a Anna si podemos tomar mate juntas. Por lo general, a esta hora no lo suele beber porque dice que sino no duerme, pero como esta noche irá a Firmo, un pueblo vecino donde se celebra una fiesta patronal, acepta y pone la pava a calentar. Mientras, la conversación sigue y cuenta que en Lungro el mate sigue siendo un rito cotidiano que se repite todos los días en las familias.
“Un turista va a un lugar cuando encuentra algo que no existe en otros. Por eso yo digo: somos la ciudad de la Miniera di Salgemma, porque en Lungro hubo una mina; somos ciudad de la Iglesia, porque tenemos una catedral importante; pero también somos la ciudad del mate. Ciudades albanesas en Italia hay 57. Lugares con sal, al menos tres, pero del mate, no hay otros lugares. ¿Cómo haces para no decir que es la Capital Europea del Mate? ¡Un pueblo chico, de 2.500 habitantes, con una tradición única!”, dirá luego.
Hago un trabajo de divulgación cultural las 24 horas, todos los días de mi vida. Mi pueblo es famoso en el mundo gracias a esto, gracias a mis colaboradores que creen y me ayudan.
Anna Stratigò, creadora de la Academia del Mate
Toma el primer mate, que aquí lo llaman «schemo», y que no se toma porque es fuerte. Le pregunto a Anna si ella lo bebe con azúcar y dice que sí. «Si vas a la Argentina y cualquier persona lo toma con azúcar, es de Lungro», responde con una sonrisa.

Anna Stratigò.– ¿Vos lo tomás?
TSI.- Sí, yo lo tomo.
Anna Stratigò.– Si no te sentás, no te lo doy, me dice.
TSI.- Entonces, me siento y tomo el mate.
Anna Stratigò.– ¿Hizo la espuma?
TSI.- Tomo mate hasta que hace ruido. Después hablamos de quienes toman el mate por primera vez y mueven la bombilla. “Oh, Diooo, no”, dice con cara de horror. «Cuando alzan la bombilla me hacen venir unos nervios». Me explica que tengo que hacer tres veces el sonido. Lo hago siguiendo sus instrucciones.
Ahora -dice Anna- te convertiste en lungrese, es la iniciación.
Una colaboración entre Italia y Argentina
En 2024, gracias a la colaboración entre la Universidad Nacional de Misiones y la Universidad de Florencia, Anna Stratigò recibió la donación de dos plantas de yerba mate. Detrás de este gesto estuvieron el ingeniero agrónomo Diego Chifarelli —docente en la Universidad de Misiones— y el profesor Edgardo Giordani, investigador de la Universidad de Florencia. Ambos colaboran con la Academia del Mate desde antes de la pandemia del Covid y fueron quienes facilitaron la llegada de las plantas a título simbólico: una fue destinada a la plaza del pueblo y la otra, a un cultivo en maceta para evaluar su adaptación.
En diálogo con Todo sobre Italia, Chifarelli explica que el cultivo de yerba mate en Lungro es difícil debido a las condiciones específicas que la planta requiere. «Es una especie endémica del norte de Argentina, Brasil y Paraguay», dice. Sin embargo, sostiene que desde el punto de vista comercial habría otras alternativas para tener yerba de Lungro, como mandar yerba canchada desde Argentina y hacer el último proceso allá.
Aún así, más allá de la viabilidad del cultivo, Chifarelli reflexiona sobre el impacto cultural del mate en Lungro: «Conocer que en Lungro se toma mate nos incentivó a involucrarnos y a participar. En una de las charlas virtuales de las que he participado, las personas más grandes contaban que creían que el mate era lungrese. El mate es un producto y una tradición cultural que viene de los guaraníes, que lo tomaban en una calabacita con una pajita de bambú. Que eso termine como una creencia propia de un pueblo albanés de Italia, nos asombró. Es como hilvanar la historia reciente de la humanidad en un ida y vuelta».
«El mate es un producto y una tradición cultural que viene de los guaraníes. Que eso termine como una creencia propia de un pueblo albanés de Italia, nos asombró»
Diego Chifarelli, docente en la Universidad de Misiones
Edgardo Giordani nació en Argentina y a los 15 años regresó con su familia a Italia, donde vive desde entonces. Desde hace ya varios años colabora con la Universidad de Misiones, de ElDorado, analizando el impacto ambiental de la yerba mate. Giordani cuenta que conoció a Anna antes de la pandemia y que, tras una visita a Lungro, se generó una relación humana de apoyo. Aunque también reconoce la complejidad de cultivar yerba mate en Lungro, destaca el esfuerzo de Anna.
«Lo que hicimos, y seguiremos haciendo, es apoyarla en su iniciativa de festejar esta tradición local de Lungro que refleja la historia de la evolución del consumo. Alguien emigró, volvió, trajo semillas. En este caso trajeron yerba para el consumo y se consolidó una tradición. Tiene que ver con la historia de la humanidad, al final casi nada es original de su lugar», dice.
«Esta tradición local de Lungro refleja la historia de la evolución del consumo. Alguien emigró, volvió, trajo semillas. Tiene que ver con la historia de la humanidad, al final casi nada es original de su lugar»
Edgardo Giordani, investigador de la Universidad de Florencia
Yerba Mate Lungro, un homenaje especial de Molinos Unidos
Siete meses después de la visita a la Academia del Mate, Anna publica una foto en su cuenta de Instagram. «Esta yerba mate es un homenaje a la capital europea del mate, inspirada en su gente, su cultura y su historia, queremos compartir con ustedes un producto que conecta dos tradiciones: la argentina y la italiana», reza el texto del paquete de yerba mate que homenajea al pueblo calabrés y que es parte de un tributo que lanzó la empresa familiar Molinos Unidos Argentina S.A.
En otra publicación de la misma red social Anna escribe: «Dedico esta inmensa alegría a mi familia y en particular a mi tía María (la matera de la casa) por todas las veces que reunió a nuestra familia y por todas las horas que compartimos alrededor del fuego tomando mate y escuchando las viejas historias familiares».
Es un miércoles de marzo de 2025. Me contacto por teléfono con Anna y le digo que acabo de ver su publicación. «Esto es fruto de todo el trabajo que he hecho en estos años», dice emocionada. «La empresa ha seguido toda esta historia y el fundador me escribió porque quiso hacer este homenaje a Lungro».
Molinos Unidos Argentina S.A., creadora también de las yerbas mate La Buena y Campeona, decidió rendir tributo a Lungro con una edición especial de 5.000 paquetes que, tras la buena recepción, duplicó a 10.000 paquetes. «Lograron hacer lo que yo soñaba, pero no sabía cuándo lo iba a poder realizar, porque para una producción así necesitas estar ya avanzado con el cultivo. Esto ha sido un regalo hermoso, que no sabía si iba a ver en vida», dice Anna.

«Un puente entre dos culturas hermanas»
Su fundador, Alejandro Trapine, cuenta a Todo sobre Italia que conoció la historia de Lungro gracias a la comunidad ítalo-argentina, y que se conmovió al descubrir el vínculo de tantos descendientes de inmigrantes calabreses con su tierra de origen. Así nació la producción de esta yerba mate, concebida como un proyecto que fortalece el lazo entre Italia y Argentina. «Esto no es solo un producto, es un puente entre dos culturas hermanas», sostiene.
La idea inicial, explica, es llevar el producto final a Lungro y a algunas regiones de España, y a mediano plazo establecer una base operativa en Lungro, para que la yerba llegue como materia prima y el proceso de envasado se realice allí mismo. «Nuestra intención es que Lungro tenga su primer molino de envasado, para generar empleo local, impulsar el desarrollo y abastecerse internamente. Desde allí, la idea es expandirnos a distintos puntos de Europa», asegura el creador de la yerba mate Lungro, presentada a fines de mayo pasado en la Cámara de Diputados de Italia, en el marco de una nueva edición del Festival del Mate.

«Nuestra intención es que Lungro tenga su primer molino de envasado, para generar empleo local, impulsar el desarrollo y abastecerse internamente. Desde allí, la idea es expandirnos a distintos puntos de Europa»
Alejandro Trapine, Molinos Unidos Argentina S.A
Voluntariado cultural y una recompensa inesperada
TSI.– ¿Cómo recibió la noticia la gente de Lungro?
Anna Stratigò.– Fue un bombazo, están todos muy felices.
TSI.– Me acuerdo que habíamos hablado de las plantas…
Anna Stratigò.– Sí, pero para eso se necesita tiempo y una empresa. Este homenaje es hermoso y quizás después pueda convertirse en algo más.
TSI.– Me decías que se cumplió un sueño…
Anna Stratigò.– Mi sueño era intentar producir un poco de mate de forma artesanal, para probar su sabor. Tal vez alguien que no me conoce piense que soy una empresaria y tengo una fábrica. Pero quienes me conocen saben que no podía soñar con algo así, porque ¿cómo lo habría logrado? Soñaba con hacer un poco de mate y probarlo. Pero de ahí a tener una producción con el nombre de Lungro, habría tenido que soñar seis cosas a la vez: comprar una fábrica, tener una plantación grande, producir cinco mil paquetes, contratar cuarenta o cien empleados, alguien que triture, otro que empaque… Por eso es una alegría tan grande. Cuando uno no espera las cosas, son aún más especiales.
TSI.– Como decías, fue fruto de tu trabajo.
Anna Stratigò.– Sí, claro. Si no hubiera hecho toda esta promoción, si el festival no tuviera ya 11 años… imagínate, todos los días trabajando para organizar estos cuatro días de evento. Todo voluntariado cultural. Así que, al menos, es una alegría que premia todo este esfuerzo. Si no es otra cosa, al menos recompensa el compromiso. Es una satisfacción.
TSI.– Este año es el undécimo año del festival, ¿cierto?
Anna Stratigò.– Sí, el undécimo año. El festival se hace desde 2014. Este año, será del 29 de julio y durará cuatro días. Siempre termina el 1 de agosto, con el concierto.
TSI.– ¿Y cómo viene la organización?
Anna Stratigò.– Trabajamos con mucho esfuerzo. Este año también haremos una presentación que no será local, pero no puedo adelantar nada. Será especial porque será fuera de aquí.
TSI.– Seguramente la noticia de la yerba llamada «Lungro» tendrá su lugar, ¿no?
Anna Stratigò.– Sí, creo que merece ser destacada a nivel regional.
TSI.– Anna, ¿cómo va la Academia del Mate?
Anna Stratigò.– Yo llevo adelante toda la actividad del festival con la Oficina de la Música. La Academia de Mate es el símbolo, la referencia, el lugar que atrae a tantas personas y que genera comunidad. Se mantiene como el prestigio de todo este trabajo que he querido hacer.
TSI.– Ahora veremos qué sucede en adelante…
Anna Stratigò.– Lo que ya se ha logrado es enorme. Veremos qué pasa… pero ya lo que está pasando estos días es el resultado de todo lo que hemos construido. Ojalá cada día sea un paso más para que este lugar sea más conocido en el mundo.
Lee este artículo en italiano: Viaggio a Lungro, la «Capitale europea del Mate» che ora ha la sua yerba prodotta in Argentina


