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Los Rientrati: los descendientes que vuelven a Italia con pasaporte comunitario

Entrevista al historiador argentino radicado en Udine, Javier Grossutti. Habla sobre los friulanos, analiza el contexto actual y responde qué une a los inmigrantes de ayer y a los de hoy.

Por Hernando De Cillia | @hdecillia 

Los Rientrati, los descendientes que vuelven a Italia con pasaporte comunitario.
Los Rientrati, los descendientes que vuelven a Italia con pasaporte comunitario.

Fue segunda generación de italianos en Argentina. Nació en Lomas de Zamora, vivió en Lanús y estudió en el colegio Pellegrini. Radicado en Udine, con 55 años, Javier Grossutti es uno de los investigadores más prestigiosos sobre la emigración friulana a Sudamérica. Desde el norte de Italia, en comunicación en TSI, hablamos sobre su historia, su trabajo y cómo ve el fenómeno de los Rientrati, los descendientes que vuelven a Italia con pasaporte comunitario.

Sus abuelos eran italianos, de ambas ramas: de parte de su papá, friulianos y de parte de su mamá, del sur. Se fueron a la Argentina a principios de los años ’30. Sus padres nacieron y se conocieron allí.

¿Cómo surgió tu trabajo de historiador?

— Vine a Udine en el año ’91 por un programa financiado por la región Friuli-Venezia-Giulia, para los descendientes de friulianos. Era para hacer una especie de pasantía en Italia y tener frecuencia en una universidad destinada para graduados. Podías hacer entre seis u ocho meses un curso en tu área de estudios.

En Argentina me había recibido en Ciencia Política en la UBA, vine a Italia e hice geografía política que se dictaba en Gorizia, una sede de la Universidad de Trieste. Después surgió la posibilidad de hacer un doctorado en Geografía Política y Económica, en Trieste, lo hice y me quedé.

Ya radicado en Italia, hasta el año 2019 volvía una vez al año a la Argentina, pero desde el COVID que no regreso.

La inmigración friulana

¿Qué te motivó a realizar el trabajo sobre la inmigración friulana?

— Siempre me interesó la historia de la inmigración, porque perteneciendo a una familia de inmigrantes mis nonos nos contaban de su pueblo, hablaban del Friuli, de donde habían nacido. Más que nada los paternos y mi abuela materna. Eso después influye en lo que uno hace. De hecho, cuando vivía en la Argentina fui secretario de una Asociación Friulana en Avellaneda.

Me interesaba mantener la relación, a pesar que a mi papá y mi mamá no les interesaba mucho, sí después cuando vine a vivir a Italia, obviamente ellos vinieron muchas veces. Mi papá entendía friulano pero no lo hablaba, mi mamá tampoco sabía italiano. No tenían una relación muy particular con el Friuli, con Italia. Surgió más en mi caso, inclusive a mi hermano, dos años más grande que yo, tampoco le interesaba retomar el vínculo, ni con Italia ni con el Friuli.

Con el tiempo hicieron la ciudadanía como buena parte de los argentinos, pero más por un motivo utilitario, no por querer recuperar el origen, las raíces.

La investigación de Grossutti

¿Hiciste toda la investigación en Udine?

— Recolecté material en Argentina, entrevistando friulianos, emigrantes o descendientes. Lo enriquecedor de la investigación sobre la inmigración es tratar de recopilar información en los puntos de partida y llegada de los inmigrantes. Si uno se concentra sólo en el punto de partida le falta todo lo que significa el período que precede a la inmigración: por qué fueron ahí, qué tipo de cosas hacían. En el caso de Argentina, como también en otros países, trato de hacer la investigación en las dos zonas, pueblo de origen y ciudad de llegada.

Lo enriquecedor de la investigación sobre la inmigración es tratar de recopilar información en los puntos de partida y llegada de los inmigrantes.

Javier grossutti

¿Cuánto tiempo te llevó?

— Es una tarea que no termina nunca porque siempre se descubren nuevos elementos e información nueva. Tengo publicadas algunas cosas y si hay que publicar más, en algún momento hay que cerrar la investigación. El estudio de la inmigración friulana, como cualquier otro tipo de inmigración, es una cosa continuativa que siempre se enriquece de nuevos enfoques. Obviamente, si uno trabaja solo, como en mi caso, no puede hacer todo, porque las fuerzas son las disponibles. Si por ejemplo tengo una información, me decís “mi familia era de Treppo” entonces son datos que trato de recoger y conservar. Eso en algún momento puede ser útil.

La inmigración italiana

Italia, un país que cubría la demanda de mano de obra de otros países.
Italia, un país que cubría la demanda de mano de obra de otros países.

En un artículo comentás que Italia fue un país que cubría la demanda de mano de obra de otros países. Siendo lo que es la nación en la actualidad… ¿por qué pensás que el italiano era mano de obra para afuera?

— Lo que puede ser ahora la industria turística, en esa época no estaba tan desarrollada. No es que pudiera dar trabajo a un número muy grande de personas. Estaba más concentrada en algunas zonas. De las ciudades por lo general se emigraba menos que de las áreas rurales o de los pueblos más pequeños. Por ejemplo de Udine emigraban menos que de Treppo Cárnico. No en cantidad, siempre hablo en porcentaje de población total.

¿Desde dónde emigraban?

Las áreas urbanas ofrecían más alternativas de trabajo que lo que podía ser un pequeño pueblo. En una zona como la nuestra, que está relativamente cerca de Austria, lo que era el Imperio Austrohúngaro, había mucho contacto porque la gente de la montaña consideraba el mercado de trabajo, no sólo el nacional, sino el que estaba del otro lado de los Alpes. Si te pagaban más por ir a trabajar a Austria, muchos iban ahí. La gente trata siempre de conseguir mejores condiciones de trabajo y salarios más favorables.

La gente trata siempre de conseguir mejores condiciones de trabajo y salarios más favorables.

Javier grossutti

En algunos casos se desplazaban, iban a América del Norte, América del Sur, aunque para los friulanos, hasta la I Guerra Mundial, la inmigración más fuerte fue la europea. No tanto la zona de la zona atlántica, tipo Francia, sino central y oriental, Austria, Alemania, Serbia, Hungría, hasta Rusia. Dependía un poco de lo que hacían .

Uno piensa, venir a América o a la Argentina era parte de una política de Estado conveniente para ellos, pero esa gente iba con intenciones de regresar, no era una migración definitiva…

Los que emigraban antes

— Los que fueron a las colonias agrícolas en Argentina a partir de 1876, 1877, por lo general iban para establecerse. Si a vos te daban un terreno en Resistencia o en Avellaneda, Santa Fe, ibas con la familia, te instalabas, era más difícil que volvieran. No es que inmigraba el hombre solo, trabajaba por un período, ahorraba y volvía a Italia. Iba con toda la familia. Fue un porcentaje reducido en relación a la inmigración europea, los que fueron para Argentina en ese período.

A principios del 1900 muchas ciudades como Buenos Aires o Rosario, necesitaban mano de obra porque se expandían, iban los que tenían por lo general un oficio. Si uno era un buen albañil no iba a trabajar al campo, primero porque para eso era mejor ir a Austria. Se tiende a pensar que el inmigrante era un pobre desgraciado que iba donde había trabajo y no era así. Si el inmigrante salía porque había un conflicto mundial, como hubo acá, en la I o II Guerra, donde la economía nacional quedó muy debilitada, había otra motivación.

Está la idea que uno tiene miedo si hay un conflicto. Pero hasta la I Guerra no hubo ese problema, la gente se iba porque quería mejores salarios, en el caso de los friulanos y los italianos también. Mejores condiciones de vida. Se daban cuenta que lo podían hacer en otros lugares y no hubiesen podido hacerlo en Italia, por eso emigraban. Por lo general tenían algún conocido, algún paisano, algún familiar que les decía: “Mirá, acá podés trabajar, los sueldos son buenos”. Eso también influye.

Los inmigrantes de ayer y de hoy

"Todos quieren mejorar las propias condiciones de vida"
«Todos quieren mejorar las propias condiciones de vida»

— ¿Se puede hacer algún paralelismo con los que retornan, los que emigraban cien años atrás y los que emigran ahora? ¿Hay similitudes?

— Los que se van ahora de Argentina, pasó en los años ’90, con la hiperinflación y en el 2000 también, pertenecen a la clase media. El que es pobre no tiene los recursos económicos para irse, ni la red social, ni la información. Eso es importante. El pobre no emigra, tiene menos posibilidades de mejorar, porque le faltan los recursos y otro tipo de recursos.

— ¿Hay algo que une a los inmigrantes de ayer y hoy?

— Todos quieren mejorar las propias condiciones de vida. Ahora el acceso a la información es mucho mayor de lo que era antes y es más rápido. No es que no lo tuviesen hace 50 o 100 años, pero obviamente disponían de menor información porque el círculo de relaciones en el que se movían era más limitado. Si te mandaban una carta de Argentina tardaba un mes. En el fondo para mí no es que el flujo migratorio haya tenido una transformación en el espíritu, el objetivo es siempre más o menos el mismo. Si uno sale expulsado porque hay una guerra o una catástrofe ambiental eso es otra cosa, o si tenés que irte porque te persiguen o por motivos políticos, es otro tipo de migración.

Todos quieren mejorar las propias condiciones de vida. En el fondo para mí no es que el flujo migratorio haya tenido una transformación en el espíritu, el objetivo es siempre más o menos el mismo.

Javier grossutti

La inmigración ahora

— Por ejemplo, ¿es lo mismo uno que llega a Italia desde la Argentina que de otros países?

— En el Friuli sé de muchos argentinos que están haciendo la ciudadanía italiana, no me parece que muchos vengan a vivir acá. Van para otro lado o vienen a Europa o a España, por la lengua. Respecto a inmigrantes de otros lados que llegan a Italia, los argentinos que vienen por lo general son de una clase social media, no necesariamente están dispuestos a hacer cualquier tipo de trabajo. Si es un joven sí, porque va a trabajar a un bar. Una persona adulta, de 40 años, que tiene un título, si tiene que hacerlo lo hace, va a trabajar a una fábrica, pero no es el objetivo. Si uno sale es para estar un poco mejor.

Ahora en Italia hay crisis económica, mucha retención de algunas figuras profesionales, porque en muchos sectores no se encuentra gente disponible, por ejemplo, en el sector de la construcción. No es que albañiles argentinos vengan a trabajar acá, porque de hecho en la Argentina los albañiles no son argentinos, son paraguayos o bolivianos. Acá en el Friuli, específicamente, en el sector de la construcción hay muchos de Serbia o rumanos.

En algunos sectores hay inmigrantes de un lado, en otros sectores, de otro. Es difícil que un grupo de argentinos pueda ocuparlo, porque teniendo un estudio no van a copar el sector de los arquitectos… Es más para el que tiene un oficio, que pueda imponerse en ese sector, no para el que tiene una profesión, un título de estudio.

Primeros italianos en la Argentina

— Los primeros inmigrantes italianos que llegaban a la Argentina ¿en qué condiciones lo hacían?

— Hasta la primera guerra no había problemas de desplazamiento, uno podía ir a cualquier lado. Los países por lo general de ultramar necesitaban mano de obra entonces no ponían muchas trabas a la llegada de los inmigrantes, a destinos como Argentina, Brasil, Estados Unidos, Canadá.
Las cosas se empezaron a complicar en la primera posguerra, porque ya muchos países adoptaron restricciones, sobre todo de algunas áreas de Europa, entre ellas Italia y después con la crisis del ‘29 también. Pero antes de la Primera Guerra no eran ilegales los que iban a trabajar al campo, ni a la ciudad. Hacía falta mano de obra. El problema llegó con las crisis económicas. En general el inmigrante no va donde la economía es mala.

En Italia, en los últimos tiempos, no sólo con la pandemia, no viene tanta gente como la que quiere ir a Alemania. Allí hay mejores salarios, conseguís trabajo fácilmente. Los inmigrantes no van donde no hay trabajo, qué sentido tiene, a menos que sea un punto intermedio. Si la economía va bien va a haber necesidad de mano de obra, porque los locales por lo general no quieren hacer ciertos trabajos.

Los inmigrantes no van donde no hay trabajo, qué sentido tiene, a menos que sea un punto intermedio.

Javier grossutti

Una red de contención

— ¿Estados Unidos era más duro con el inmigrante?

— Hay que ver en qué período, fue cambiando. Después hay que ver qué hacías, si es un trabajo que necesitaban te aceptan, si es algo que lo hace mucha gente no va a ser tan fácil entrar. Depende también de qué pueblo eras, en el caso de Argentina si tu hermano vivía allá, era más fácil, porque te recibía por un tiempo y te podía poner en contacto con su gente.

— No es casualidad que la friuliana cumplió 95 años de vida… por la red de contención.

— Sí, claro, pero los friulanos en la Argentina vienen desde fines del 1800. La friulana es también una historia más larga. Porque desde acá promovieron el surgimiento de asociaciones friulianas, había un stop de friulianos en Buenos Aires que era importante.

Los descendientes que vuelven

— ¿Qué opinás acerca de que los descendientes que vuelven, los Rientrati?

— Si uno no se encuentra a gusto en Argentina y quiere probar venir a Europa, seguramente, no puedo decir que está equivocado, porque fui uno de ellos. Lo importante es que el que se va a otro lugar sea consciente que en ningún lado te regalan nada y por consiguiente, no porque la economía camine en algunos lugares de Europa te están esperando con los brazos abiertos. Siempre sos un inmigrante, en el sentido de que no te conocen. Si perteneces a un grupo que no está muy bien considerado en el lugar de llegada, mucha gente tiende a generalizar. Si uno es consciente que hay también muchas dificultades en la inserción, por qué no.

— Mi abuelo y mi papá nunca dejaron el acento italiano, y sólo una vez retornaron a Italia. Nunca renunciaron a su nacionalidad de origen. ¿Cómo te sentís allá, argentino o italiano?

— Me siento más rico, porque soy de allá y de acá. ¿Por qué uno tiene que ser de un lugar? Uno puede sentirse de varios lugares. Obviamente yo no puedo ser sólo de acá porque viví 25 años en la Argentina. Es una idea absurda, uno puede tener una identidad múltiple. No es un problema para mí.

Me siento más rico, porque soy de allá y de acá. ¿Por qué uno tiene que ser de un lugar? Uno puede sentirse de varios lugares.

Javier grossutti

Una red de contención

— ¿Qué podés decirle a la gente que quiere emigrar?

— Que esté dispuesto a aceptar dificultades. Las cosas no siempre tienen el resultado que uno espera. Que no piense que por ir a un lugar próspero económicamente enseguida se podrá beneficiar con esa prosperidad. Todo requiere tiempo y paciencia, conocer la lengua, tener una red social de contención. Depende la edad también. En todos lados es difícil poder vivir y realizarse, y especialmente si no es el tuyo, es más difícil todavía.     

Sobre Javier Grossutti

Javier Grossutti, historiador argentino radicado en Udine, Italia. Un estudioso de las migraciones, también un inmigrante. Hoy con una vida en Italia, ayer con un inicio en la Argentina. Como tantos otros, incluidos sus ancestros, que hicieron el camino inverso.

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